Hay entrenamientos que son uno más, hay otros que se destacan por su dureza, o por el clima o por haber superado alguna barrera x. Pero hay unos pocos entrenamientos en la vida de un corredor que lo marcan en forma especial, y me parece que el que hoy por la mañana-tarde he hecho será uno de esos.
El trabajo consistía simplemente en 6 horas de trote suave, y digo simplemente porque la verdad es que ya hemos hecho unos cuantos de estos sin problemas.
Mis compañeros Marcelo y Jorge ya habían salido temprano en la madrugada y Mauro saldría algo mas tarde del mediodía. Yo elegí para salir esta vez el mejor horario en cuanto a la temperatura, es que ya estoy algo acobardado con los fríos de la madrugada.
Previo a esto tuve que pedir que un profe me reemplace en el colegio y por supuesto que mi eterna compañera mi dulce Cande, me cubra en el entrenamiento del mediodía.
Es así que luego de desayunar unas cuantas tostadas con manteca y dos tazas de café, me prepare lo necesario para la jornada de entrenamiento: 5 sandwichs de jamón y queso, una bolsa de frutas secas, caramelos, dos caramañolas de gatorade y un rompe vientos y remera extra + 20 $ para comprar bebida en el camino.
Le conté a Cande que iría hasta Chapadmalal ida y vuelta, como para que supiera en donde iba a estar y le pedí expresamente que no me asistiera de ninguna manera.
Es así que salí muy despacito, Juan B. Justo- Punta Mogotes- la ruta. El recorrido lo tengo marcado km a km, así que me fui controlando y el trote era muy lento, es que había un viento tremendo en contra, al pasar por el Faro en los 10 k, deje de controlarme y entre como en una especie de sueño o un estado raro, era como que corría pero yo no estaba allí en la ruta, estaba abstraído totalmente de la situación, sentía como si fuera flotando o algo así, iba cómodo, no necesitaba nada y sentía que así podría correr eternamente. Hacia frio pero no lo sentía, había viento pero no me molestaba, no se, era buenísimo, sabía que tenía que estar mucho tiempo en la ruta y lo disfrutaba como nunca. Al llegar a Chapadmalal 28 kms, llevaba justo tres horas, pero estaba claro que si giraba allí, con el viento a favor a la vuelta tardaría menos, confieso que en otro momento hubiera girado igual, total… unos minutos menos a la vuelta nunca vienen mal, pero en cambio esta vez decidí llegar al K 30 porque además tenía ganas de rezar frente a la capilla, conclusión pegue la vuelta a las 3 horas 13’, al girar me di cuenta que no había tomado ni comido nada, no es bueno, pero es increíble, nada de hambre, nada de sed… es que nuestros cuerpos están adaptados de tal forma que nuestra fisiología puede estar tan modificada?... sin pensarlo saque dos sándwiches y me los comí como si estuviera en un picnic, los disfrute!!, estaban buenisimos!!, al toque me tome una caramañola de bebida y me comí tres caramelos de postre; fue allí donde entre en el mejor momento, el viento me empujaba, las piernas parecía que corrían solas, ningún dolor, ninguna molestia, ni un síntoma de cansancio, nada, nada, pero nada de nada. Como a las cuatro horas en una almacén y en menos de 1’ compre una Pepsi y otra gatorade, y me comí otro sándwich con la gaseosa mientras reanudaba la marcha y en menos de 3’ ya estaba otra vez corriendo de una manera espectacular, estaba como en éxtasis, corría y no me cansaba, ya veía el faro y pensaba, se me termina el entrenamiento y todavía no trabaje sobre el dolor, que es lo que buscamos en estos trabajos tan largos.
Entre a la ciudad y veía todo lindo, nada me molestaba, casi ni pensaba al correr. Llegue a mi casa a las 15.30 hs, un buen baño de inmersión y al Colegio a trabajar.
6 horas de trote en la ruta solo, sin nada, ni nadie alrededor, sin asistencia, sin ñañas de ningún tipo. Esto para otros será normal, para mí no, es que trabaje para sentir eso y lo siento; en el 2007 para hacer el mismo entrenamiento necesitaba un sequito de gente y autos acompañándome y dándome lo necesario, que papas, que atún, que calza larga, que calza corta, que algo caliente, que sácame la miga, que dame vaselina, que ahora cambio de medias y después el gorrito y los guantes, que enfríame el café, que calentame el té.
El cambio físico es excelente, pero el cambio mental es fundamental para enfrentar esta carrera, en el 2007 quería llegar a los puestos a descansar, hoy en mi estrategia he programado una única parada, en el kilómetros 81?... no,
En los 100 k?... no, en la mitad a los 123 k?… no, después de la montaña en k 172?… tampoco. La parada programada es Esparta, en la llegada, justito frente al monumento del REY LEONIDAS, a quien intentaremos emular por su valor y coraje, y para esto hay que prepararse. Por eso a sufrir lo que falta del entrenamiento tratando de bajar la ansiedad. Falta poco y estamos bien, pero el día de la carrera Dios nos regalara estar aun mejor.
A me olvidaba… El Faro me lo confundí con LEONIDAS, será que ya estoy loco, o será que me está llamando el final deseado?.
Antes veía la carrera, ahora veo la llegada…ES QUE BUSCO LA ETERNIDAD.
estes es el que mas me gusto, buenisimo
ResponderEliminar