
El entrenamiento fue de 24 kms haciendo carreras progresivas, largas y continuas, lo hice en la ruta 11 como yendo hacia Santa Clara del Mar, y termine deshidratado y descompuesto del estomago. El esfuerzo fue realmente máximo, y luego de entrenar me costó todo el día recuperarme, no obstante esto, en la ruta me sentí fuerte, firme y resistente, trabajando a un muy buen ritmo todo el tiempo. Un buen entrenamiento que seguro dejara su huella de cansancio durante algunos días.
Pequeña anécdota: finalizando el último cambio extenuante del trabajo, pase a un grupo de mis alumnos, Paula, Marisa, Agustín y Andrea, uno de ellos me ofreció Gatorade, le agarre la caramañola y se la tome toda en menos de 5”, un papelón, pero bueno entendieron el agotamiento que traía, luego comentaron algo así como que yo también sufría corriendo, que increíble no? Que crean que uno no sufre, puedo asegurarles que todos quienes quieren progresar o cumplir un desafío, sufren entrenando, y en eso no importa el nivel que se tenga. En mi caso personal puedo decirles que no soy de esos corredores con la mejor genética y que todo lo poco que he hecho ha sido en base a mucha voluntad y sacrificio, eso sí, siempre con gusto y pasión.
Muy linda la sensación de poder compartir ese momento con cuatro de mis corredores más queridos, pequeñas cosas que ayudan para soportar lo que viene, que será cada día más duro.
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