Termina el mes de agosto, mes previo a la carrera, lo cual marca que ya entramos en el periodo de descarga progresiva del entrenamiento, esto por supuesto no significa que dejamos de entrenar, por el contrario seguimos trabajando, pero con algunos cambios. Ahora bajaremos un poco los volúmenes de kilómetros semanales, intentando darle algo más de calidad a la carrera y buscando algo de la soltura perdida, haremos algunos trabajos intensos no muy largos, seguimos con las cuestas pero con menos cantidad y el trabajo de gimnasio lo mantenemos unos días más.
Luego del domingo haber hecho dos alegres horas de trote en cross en la laguna de los Padres, y de ayer lunes haber hecho cuestas de 300 metros y trabajo de sobrecarga, hoy nos tocaba hacer 4 horas de trote en ruta.
Salí a las 8.30 horas solo y hacia la ruta de Miramar, en donde me siento cómodo, casi como en mi casa, hacia frio y llovía bastante por lo que me abrigue bien, cargue mis dos caramañolas con agua de la canilla y me lleve un chocolate que había quedado del postre de anoche, nada especial. Empecé a correr y a los 10’ estaba empapado, no había problemas, mientras que el cuerpo está caliente esto no afecta, como a los 50’ me empecé a enfriar, es que el ritmo es tan suave que no alcanza para mantener el calor corporal con la lluvia, cuando estaba a punto de levantar un poco el ritmo, mágicamente dejo de llover y en pocos minutos empezó a levantar la temperatura en la ruta, me pude sacar los guantes y el gorro mojados y seguí suave hacia el sur, el ritmo era justo de 6’ cada kilometro, con lo cual pegue la vuelta a los 20 kilómetros exactos, no tenia síntomas de cansancio y luego de comer el chocolate y de tomar una caramañola de agua me deje llevar, estoy un poco cansado de frenar el ritmo del trote todo el tiempo, la vuelta fue fabulosa, encontré soltura y algo más de ritmo, me divertí corriendo, lo disfrute como nunca, los kilómetros pasaban y las piernas estaban absolutamente sueltas y sin ningún dolor, llegue a mis casa en 3 horas 35’, es decir que los cuarenta kilómetros, que es lo máximo que debemos correr en cuatro horas entrenando, los hice en 3 horas 35’. No hubo dolores, cansancio ni ningún síntoma de malestar, fue todo soltura y sensaciones placenteras, estos son los días en que uno cree que puede correr eternamente.
Otro trote terminado y aunque algo rápido en la segunda mitad, sigo encontrando a mi cuerpo pleno en cada entrenamiento, debo confesar que no encuentro sacrificio en lo que estoy haciendo, a veces hasta me pregunto si no debería entrenar mas, pero la verdad es que no, el plan es super exigente y cargado. Con lo cual siempre vuelvo a lo mismo, cuando la cabeza está bien y con ganas no hay con que darle. Muy feliz por cómo me siento, me doy un buen baño de inmersión y al entrenamiento del mediodía con mis alumnos.
Otra jornada más terminada con las mejores sensaciones, otro largo entrenamiento para guardar en la memoria previa a la dura carrera a la que nos enfrentaremos dentro de unos veinte días.
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